De operadores que suman, que multiplican, que restan y que dividen
Columna de Jorge H. Aguilera

El fin de semana pasado fue uno de evaluación para los operadores político-electorales de Morena en Puebla.
Se desarrollaron simultáneamente múltiples asambleas en diversos distritos de nuestra entidad con motivo de la defensa de la soberanía nacional y la difusión de las acciones que, desde la ciudadanía organizada, deben socializarse.
Hay que decirlo. Si bien la presidenta de la República, en su último mitin, recalcó la necesidad de socializar con el pueblo de México las condiciones que enfrenta nuestro país en materia de soberanía y exhortó al partido a realizar amplias asambleas en todo el país, no ha sido así del todo.
Esto se observa tanto en la frecuencia y la necesidad de la discusión temática como en los objetivos que Morena se ha trazado como partido político en Puebla.
Esto último ya no tiene que ver con los riesgos que enfrenta nuestro país en materia de soberanía nacional, sino con la necesidad política y electoral de ganar el mayor número de posiciones en el proceso venidero.
Nos encontramos, pues, en una encrucijada donde se juntan los riesgos de la soberanía nacional con la necesidad de ganar elecciones.
Es precisamente en esa necesidad de ganar elecciones donde Morena en Puebla se encuentra atrasado. Por un lado, en el volumen de afiliación de militantes —donde Olga Romero Garci-Crespo afirmaba que se llegaría al millón de afiliados y, con mucho esfuerzo, se alcanzaron en un primer momento los quinientos mil—; por otro, en la selección y valoración de perfiles que sumen no solo desde las lógicas de los votos sectoriales o caciquiles, sino desde el posicionamiento de su imagen y de los valores políticos reflejados en la consecuencia programática de los postulados de Morena.
No todos los operadores políticos de Morena se encuentran extraviados entre la incertidumbre y la inacción. La observación apunta particularmente hacia aquellos relacionados con el Comité Ejecutivo Estatal que encabeza Olga Romero Garci-Crespo y con el coordinador de delegados, Pablo Salazar.
Como ejemplo, algunos botones.
Las asambleas realizadas en Puebla capital —particularmente en La Libertad—, Chietla y San Pedro Cholula fueron masivas y, además, mostraron un espíritu acorde con la necesidad coyuntural del movimiento.
La asamblea de La Libertad, coordinada por Carlos Gómez Tepox, así como las realizadas por las propias autoridades municipales de San Pedro Cholula y Chietla, cumplieron las expectativas y abonaron al fortalecimiento del partido en esas demarcaciones.
Contrario a ello, las asambleas de Tlahuapan y Santa Clara Ocoyucan se caracterizaron por la poca afluencia de la militancia y la escasa participación vecinal, pero también por la falta de contenido temático y por formas políticas más cercanas a los viejos regímenes que a la Cuarta Transformación.
El buen operador político puede distribuir ampliamente recursos materiales o simbólicos; pero es, sobre todo, aquel capaz de operar políticamente sin la necesidad de grandes recursos materiales y económicos.
Ese es el caso del coordinador de delegados de Morena en Puebla, Pablo Salazar, quien llegó a su posición política con bombo y platillo, a partir de la percepción creada —seguramente por él— de ser un gran operador político-electoral que llevaría a Morena al indiscutido triunfo.
Sin embargo, las primeras exhibiciones han resultado un fracaso. Pablo fue el encargado, entre otras, de las asambleas de Tlahuapan y Santa Clara Ocoyucan, en las que se mostró ausencia de liderazgo y de congregación popular.
Pablo Salazar no cesa en la intentona de colocar a su pareja, la magistrada del Tribunal Administrativo Violeta Becerril, como candidata a la presidencia municipal de Santa Clara Ocoyucan.
En la asamblea del fin de semana, Violeta fue el único cuadro político identificado como aspirante a la presidencia municipal de Ocoyucan, dejando fuera a otros aspirantes notorios, con una actuación sectaria de Pablo en beneficio de su pareja.
No solo eso. Pablo Salazar pidió estructuras prestadas para llenar los eventos, y el grupo que llegó en apoyo a Ocoyucan fue maltratado por la propia Violeta Becerril, a partir de un descuido y una mala interpretación, al pensar que se estaban dirigiendo porras a Luis Tiffein.
En ese desencuentro, asistentes y liderazgos que habían permitido que el evento fuera nutrido sufrieron reclamos, creando un doble conflicto y molestia: por la escasa participación del evento y por el maltrato a quienes asistieron como refuerzo ante la solicitud de Pablo, por no contar con gente suficiente para operar en Santa Clara Ocoyucan.
Pablo Salazar sigue recolectando evidencias que, en el proceso de valoración, podrían estropearle el sueño de conducir electoralmente el proceso político en Puebla el año venidero.
Hay más operadores dentro del grupo dominante que, con mucho ánimo, se apuntarían para hacer el trabajo que, hasta el día de hoy, Pablo Salazar no ha querido —o no ha podido— realizar.
Los jóvenes que sí operan
El fin de semana también se celebró la entrega de nombramientos para la estructura juvenil de Morena en Puebla.
El protagonista, desde las aguas de la discreción, fue José “Pepe” Conde, secretario privado del gobernador del estado.
Pepe Conde ha crecido en la experiencia diaria que representa acompañar, segundo a segundo, al gobernador Alejandro Armenta en el ejercicio de gobierno; al mismo tiempo, ha aprendido de cerca los ritmos, decisiones y responsabilidades que implica gobernar, sumando a ello su juventud y energía.
Simultáneamente, Pepe Conde se ha erigido como un dirigente juvenil que no hace política de joven, sino política real. Desde ese liderazgo ha logrado aglutinar a cientos de jóvenes alrededor de la Cuarta Transformación, bajo la visión bioética del gobernador Alejandro Armenta.
El evento citado dio muestra de que Pepe Conde es un buen cuadro administrativo, que comprende y atiende las labores diarias del ejercicio de gobierno y la atención permanente que requieren los colaboradores del gobernador Armenta; pero, además, ha desarrollado una organización juvenil de apoyo al proyecto político del gobernador y a la Cuarta Transformación poblana.
Una organización que, llegado su momento, estará también preparada para los años venideros, en los que Pepe Conde se perfila para ser un referente juvenil de la política poblana.

