OPINIÓN

Rodrigo, “El Armentista”: ¿quién tiene el mando en Morena Puebla?

La columna de Jorge H. Aguilera

Mucho se ha escrito durante estos largos y descifrantes meses preelectorales sobre la posibilidad de que el gobernador Alejandro Armenta tome el control de Morena en Puebla.

Hay que decirlo: el gobernador ha tenido el mando en Morena Puebla desde el primer minuto de su asunción como candidato a la gubernatura, en noviembre de 2023.

Lo que no ha encontrado el gobernador son dirigentes, en el amplio sentido de la palabra, que garanticen una correcta operación partidista, programática y electoral en el proceso venidero.

Es cierto que, previo a su asunción como candidato, el Consejo Estatal de Morena —vigente hasta estos días— no votó por Alejandro Armenta como su candidato y tuvo que venir la corrección desde los órganos nacionales del partido para insertarlo en la medición, de la que finalmente resultó ganador.

Es decir, el actual Consejo Estatal y la dirigencia de Morena en Puebla le dieron inicialmente la espalda durante el proceso de construcción de su candidatura.

Ya como candidato, la institucionalidad obligada y el cálculo político de lucro de la dirigencia y de los consejeros estatales los llevaron a arropar a Alejandro Armenta, quien, meses después, sería electo como el gobernador más votado en la historia de Puebla.

Olga Romero Garci-Crespo y la base del actual Comité Estatal fueron electos desde el proyecto del entonces gobernador Miguel Barbosa. A él debieron sus lealtades hasta el último minuto de su vida.

Inmediatamente después de su fallecimiento, la metamorfosis del poder los encuadró como un Comité Estatal más que morenista, salomonista.

Ese mismo tránsito, insisto, lo han tenido con el gobernador Alejandro Armenta: mucho apoyo en pronunciamientos y ruedas de prensa, mucho esfuerzo mediático, pero poca labor política y organizativa.

En esa ruta, solo dos perfiles cumplirían con las características de capacidad política, organizativa y de liderazgo dentro de la izquierda en Puebla para asumir profesionalmente el proceso, un rol que no ha logrado cubrir Pablo Salazar, coordinador de delegados —cargo no reconocido por la dirigencia nacional de Morena—.

Los perfiles con capacidad de dirección partidista se reducirían solamente a Rodrigo Abdala, coordinador de los programas del Bienestar en Puebla, y Pável Gáspar, presidente del Congreso del Estado de Puebla.

El impedimento que meses atrás obstruyó esta decisión sería modificado por la dirigencia nacional, con la intención de posicionar cuadros con capacidad política para llevar avante el proceso electoral.

Eso implicaría, como ocurrió en 2021 y 2024, la designación, en varios estados, de delegados en funciones de presidentes, cargo para cuyo nombramiento no sería necesario ser consejero estatal.

Rodrigo Abdala ha podido ser todo en Morena desde su fundación. Como parte de la primera generación de diputados federales del partido, en 2015, tuvo la oportunidad de posicionarse como candidato en 2018, dada su cercanía con Andrés Manuel López Obrador, quien siempre, con afecto, se ha referido a él como “mi flaco”.

Rodrigo es un cuadro sólido que ha fungido como referente propio dentro de su ruta política y, en ella, se mostró, casi hasta el fallecimiento del gobernador Miguel Barbosa, como uno de sus grandes opositores internos en Morena Puebla.

Con el gobernador Sergio Salomón, la situación fue distinta a la que mantuvo con Miguel Barbosa: una relación de respeto, pero con las distancias propias de la representación de su liderazgo.

En cambio, con el gobernador Alejandro Armenta ha mostrado una cercanía desde el proceso electoral, en el que fue designado como coordinador general de campaña.

Es en esta faceta, indudablemente, donde Rodrigo Abdala es un cuadro mucho más cercano al gobierno estatal de lo que fue con los otros dos gobiernos que, hasta el momento, ha tenido Morena en Puebla.

Rodrigo no sería un cuadro ajeno a los afectos y confianzas del gobernador y, si la dirigencia nacional de Morena apunta a Rodrigo para la conducción del proceso, tendría muchas certezas el orden estatal en su figura.

La segunda de las dos opciones que se valoran es la de Pável Gáspar, presidente del Congreso del Estado.

Ojo: no hay que dimensionar este escenario como una pugna entre Rodrigo Abdala y Pável Gáspar. Todo lo contrario.

Cualquiera de los dos que surja del consenso y del análisis político de las proyecciones y necesidades de Morena en Puebla asumirá la tarea en coordinación y apertura con el orden estatal y con las diversas fuerzas del movimiento.

En una siguiente entrega analizaremos el perfil obradorista y el rol en la izquierda que tendrá Pável Gáspar en la circunstancia partidista y la coyuntura actual.

Remate de gol:

Quienes andan perdidos, añorando un pasado que jamás volverá, son los integrantes del grupo político de la exalcaldesa Claudia Rivera Vivanco, que, en sus amagos por apuntarse al proyecto de Puebla capital, no generaron ni una mueca de respuesta en la prensa y ahora han insistido en posicionar su nombre como uno de los perfiles para disputar la presidencia del partido.

Hay que decirlo: quien tome con seriedad la postulación de Claudia Rivera podría terminar cayendo en una estrategia político-electoral que históricamente le ha permitido amagar con una candidatura para después buscar, como clan familiar, la negociación de otros espacios.

Una especie de chantaje político revestido de negociación.

Te podría interesar
Close
Back to top button