
«No se trata de una acción burocrática, sino de una convocatoria a la sociedad civil y a la iniciativa privada. La participación de empresarios con visión y compromiso social, como Carlos Slim, demuestra que el interés público y la inversión productiva pueden caminar juntos para devolverle la vida al corazón de la República».
Así arrancaba, literalmente, el discurso de quien en aquel momento era jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, quien el 14 de agosto de 2001 daba inicio a los trabajos que la iniciativa privada, encabezada por el ingeniero Carlos Slim Helú, emprendería para revitalizar el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Durante la firma y toma de protesta del Consejo Consultivo, cuyo presidente honorífico fue designado por el propio López Obrador, el hombre más rico de México, Carlos Slim Helú, asumió dicha responsabilidad y expresó textualmente lo siguiente:
«El Centro Histórico no puede ser un museo ni un mausoleo. Tampoco puede dejarse en el abandono. Se trata de rescatarlo para que la gente viva, trabaje, estudie y conviva en él; la inversión privada tiene que entrar aquí no con un fin meramente especulativo, sino con una visión de largo plazo y de desarrollo urbano integral».
Posteriormente, en una conferencia de prensa celebrada el 12 de junio de 2002, en seguimiento a los primeros avances de las obras de revitalización del Centro Histórico, el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, expresó literalmente lo siguiente:
«El ingeniero Slim está invirtiendo a fondo perdido en muchos aspectos y arriesgando su capital donde otros no quisieron entrar durante décadas. Su participación ha sido fundamental: sin esa conjunción de inversión pública y privada, el rescate del Centro Histórico simplemente no sería posible».
Ya como presidente de México, aquella relación iniciada a principios de los años dos mil fue tomando cuerpo y forma.
A lo largo de su sexenio quedaron documentadas al menos 15 reuniones presenciales entre Andrés Manuel López Obrador y el empresario Carlos Slim Helú.
Una de ellas, incluso, en la finca de Palenque, Chiapas, residencia del propio López Obrador.
A estos encuentros se sumaron dos apariciones del ingeniero Carlos Slim en las conferencias mañaneras, donde ambos ofrecieron declaraciones conjuntas.
Durante aquellos seis años también hubo expresiones particularmente interesantes del presidente López Obrador respecto al empresario mexicano, entre ellas las siguientes:
El 27 de agosto de 2019, durante la renegociación de contratos con la CFE, López Obrador agradeció a Slim haber sido:
«el primero en dar el paso, el primero en llegar a un acuerdo con la CFE, mostrando disposición y sensibilidad para poner por delante el interés de la nación».
El 18 de junio de 2021, tras el colapso de la Línea 12 del Metro, afirmó que Slim:
«ha actuado de manera responsable, institucional y está siempre en condiciones de acudir a nuestro llamado, de expresar sus puntos de vista, respetuoso de la investidura presidencial, lo que no hacen otros, que juegan a las vencidas y quieren someter al gobierno».
Finalmente, el 28 de diciembre de 2021, después de un desayuno privado en Palacio Nacional, López Obrador declaró:
«¿Cómo no lo voy a invitar si es un empresario importante, institucional, no anda promoviendo la oposición al gobierno, como otros? Además, paga sus impuestos, invierte en México y genera empleos. Es mi amigo y es un buen empresario».
La relación de Carlos Slim con los gobiernos de la Cuarta Transformación, primero con López Obrador y ahora con Claudia Sheinbaum, tampoco se ha limitado a las expresiones de amistad y reconocimiento.
Sus empresas han participado en proyectos como el Tramo 2 del Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, la autopista Mitla-Tehuantepec y los nuevos proyectos ferroviarios hacia el norte del país.
A ello se suma su participación en la reconstrucción de la Línea 12 del Metro, la renegociación de los gasoductos de la CFE y los esfuerzos de apoyo en Acapulco después del huracán Otis.
En materia social, destacan las iniciativas relacionadas con las vacunas AstraZeneca, el hospital temporal Citibanamex y el equipamiento de clínicas del IMSS-Bienestar. También figura el pago de 28 mil millones de pesos al SAT.
Lo anterior cobra relevancia porque recientemente el ingeniero Carlos Slim Helú y el alcalde de Puebla, Pepe Chedraui, anunciaron conjuntamente una inversión superior a los cuatro mil millones de pesos, impulsada por la iniciativa privada, encabezada por Grupo Carso y el propio ingeniero Slim, para desarrollar un proyecto inmobiliario en el Centro Histórico de Puebla.
Una inversión que busca generar, directa e indirectamente, derrama económica, desarrollo comercial, oportunidades laborales y actividad profesional en las inmediaciones del centro de la ciudad.
Dicho proyecto, sorpresivamente, ha sido despreciado por varios integrantes de Morena en Puebla, quienes, de manera facciosa, han decidido anteponer sus intereses personales y políticos, así como sus fobias hacia el presidente municipal Pepe Chedraui, al progreso y desarrollo que podría representar una inversión de esta magnitud.
Una iniciativa que, después de muchas décadas, podría significar una transformación económica y urbana para el Centro Histórico de Puebla, encabezada, curiosamente, por el mismo empresario al que Andrés Manuel López Obrador reconoció públicamente como su amigo y un buen empresario.
El coordinador de delegados de Morena en Puebla, Pablo Salazar —«cargo no reconocido por el Comité Ejecutivo Nacional ni contemplado en los estatutos»—, se expresó recientemente, en rueda de prensa, en contra del proyecto impulsado por Carlos Slim y Pepe Chedraui para el centro de la ciudad, argumentando que se trata de un proyecto neoliberal y que la Cuarta Transformación no debe acompañar proyectos neoliberales.
Ojalá Pablo Salazar, coordinador de delegados no reconocido por el Comité Ejecutivo Nacional, lea —«con su mala lectura»— el presente texto y entienda que López Obrador siempre ha concebido al ingeniero Slim como un empresario nacionalista o, como dirían los postulados marxistas, como parte de la burguesía revolucionaria.

