NACIONALOPINIÓN

El tono “piel morena” empieza a enverdecer

Columna de Jorge H. Aguilera

Morena ha dado la espalda a los históricos y siempre desleales brazos que le ha tendido el Partido del Trabajo.

El PT ha sido, sin lugar a dudas —quizá junto con Adán Augusto y el “para siempre” llamado Andy López—, el gran damnificado del proceso electoral que está por iniciar.

Muestra de ello es la ausencia de los dirigentes del Partido del Trabajo en las designaciones de las 17 precandidaturas a los gobiernos estatales.

En contraste, el —al parecer, injustificado— gran beneficiado ha sido el también histórico y siempre desleal Partido Verde.

En el año 2000 logró la alternancia en la Presidencia de México de la mano de Vicente Fox y el PAN. En 2012 contribuyó al regreso del PRI al poder, después del veto social y electoral que lo había mantenido fuera de la Presidencia.

En 2018 decidió no apoyar a Andrés Manuel López Obrador, pero desde 2021 sí se enlistó como uno de los grandes beneficiarios de la 4T hasta hoy, cuando Morena le ha entregado, a través de la alianza, cuatro candidaturas a gobiernos estatales y le ha cedido, de facto, San Luis Potosí.

Ahí, Morena ha presentado una candidatura sin posibilidades de vencer al proyecto del actual gobernador del Partido Verde, quien buscará que su esposa lo suceda en el cargo: una evidente sucesión familiar —“en los tiempos donde supuestamente Morena no permitiría el nepotismo”—.

En este sentido, es menester poner atención a lo escrito hoy por Viri Ríos en El País, quien describe que, en San Luis Potosí, Morena se ha convertido en un partido satélite del Partido Verde.

También resulta relevante el texto de Álvaro Delgado publicado en SinEmbargo, donde recrimina que se entreguen cinco gubernaturas al Partido Verde, pese a representar apenas el 7 % de la votación en las elecciones pasadas y no haber ganado una sola diputación federal en solitario, pues todas las obtenidas fueron producto de su alianza con Morena.

La única forma de entender por qué la dirigencia que encabezan Ariadna Montiel y Citlalli Hernández valida y promueve esta descomposición de cuadros éticos y alianzas programáticas en función del proyecto de nación es que conciben que Morena arrasará, como lo hizo en 2018 y 2024, y que la inercia electoral saneará de sus pecados políticos al Partido Verde y a varios de los hoy coordinadores designados en sus estados.

Coordinadores que, bajo un escrutinio ético-político del humanismo mexicano, no deberían haber sido postulados ni legitimados por el partido de la Cuarta Transformación.

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