OPINIÓN

Sí habrá nuevo presidente en Morena Puebla

Columna de Jorge H. Aguilera

Hace unos días, la aún presidenta de Morena en Puebla, Olga Romero Garci-Crespo, anticipó que, por mandato del Comité Ejecutivo Nacional, los miembros de los comités estatales que aspiren a participar en alguno de los procesos de selección de candidaturas tienen hasta el 30 de septiembre del año en curso para renunciar a sus cargos en el Comité Ejecutivo Estatal.

Y una de las primeras interesadas sería, precisamente, la aún presidenta de Morena en Puebla, Olga Romero Garci-Crespo, quien buscaría competir por la alcaldía de Tehuacán.

Al respecto, ha sido criticada por utilizar su posición y la disposición de fuerzas propias de presidir el partido para realizar una campaña muy anticipada, iniciada prácticamente un año antes del proceso electoral en Tehuacán.

Aun así, y a cuestas los malos resultados de Olga Romero al frente de Morena en Puebla, su proyecto municipalista podría triunfar, dado que, como anticipamos en la columna previa, los desgobiernos de Patjane, Tepole y Barroso no parecen ser impedimento para que la ciudad de Tehuacán elija una vez más a un gobierno de Morena, esta vez el de Olga Romero.

¿Será peor Olga que los otros tres?

Pero más allá de Tehuacán, la salida de Olga y la coyuntura de exhortar a todos los miembros de los comités a cumplir con un plazo final para dejar sus cargos sincronizarían las estrellas para que, por fin, el gobernador Alejandro Armenta pueda llevar mano en la designación de quien conducirá el proceso electoral de Morena en Puebla.

En ese escenario, la avanzada del mando estatal para tomar las riendas del partido en Puebla tuvo, en un primer momento, a Pablo Salazar, nombrado coordinador de delegados del partido en Puebla, una estructura no reconocida por la dirigencia nacional.

Sin embargo, en el trayecto, Pablo Salazar no ha dejado de cometer errores en su autopromoción y en el impulso político de su esposa, magistrada en funciones, a quien pretende incrustar de manera autoritaria en Santa Clara Ocoyucan.

El desgaste sufrido en tiempo récord por Pablo Salazar abriría dos alternativas sumamente viables para la conducción del proceso de Morena en Puebla, bajo la figura de delegados en funciones de presidente.

Y es que, en la reorganización partidista de las próximas semanas, sería posible designar en funciones de presidente a cualquier actor político, independientemente de que sea consejero de Morena o no.

La primera valoración recaería en Rodrigo Abdala Dartigues, delegado del Bienestar en Puebla e, indudablemente, el hombre más cercano a Ariadna Montiel en nuestra entidad.

“Rodri”, como se refiere Ariadna Montiel a Abdala, ha compartido ruta con ella desde que fue designada secretaria de Bienestar del Gobierno Federal en el sexenio pasado.

“Ari”, como se refiere Abdala a Montiel, ya había mostrado su confianza hacia Rodrigo Abdala al designar a uno de sus operadores, Uriel Figueroa, como delegado de la circunscripción que comprende nuestra entidad.

La segunda ponderación, y no por ello de menor peso, es la del actual presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado, Pável Gáspar Ramírez, un hombre de izquierda que ha tenido plena confianza para encabezar los esfuerzos legislativos en nuestra entidad y a quien, recientemente, el gobernador del estado reconoció públicamente como un político que pondera, un hombre de izquierda, humano y conciliador.

Vaya, hace mucho que el mandatario estatal no se refería con calificativos tan generosos a alguno de sus cercanos.

Pável Gáspar mandaría el mensaje completo de que el proceso partidista recaería en uno de los hombres de mayor confianza del gobernador Alejandro Armenta y garantizaría, desde el equilibrio conciliador e identitario de izquierda, un aglutinamiento y una suma de fuerzas que, hasta el día de hoy, notoriamente Pablo Salazar no ha podido concretar.

Nota electoral: quien sea designado delegado en funciones de presidente de Morena en Puebla para conducir el proceso electoral de 2027 no quedaría fuera del proceso político que comprenderá de 2027 a 2030.

Naturalmente, como ha sucedido dentro de Morena en Puebla en otros procesos, quien asuma esa responsabilidad podría ser apuntado en las primeras posiciones de las listas plurinominales; en el caso de Abdala o de Pável Gáspar, hacia las diputaciones federales.

Es decir, habrá futuro político para quien coordine el futuro electoral de Morena en Puebla.

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