OPINIÓN

El costo de la incongruencia

Por El Silente

La cuarta transformación requiere más que palabras. Existe un libro titulado De la lucha de clases a la lucha de frases; hoy se exige más que acudir a lugares comunes poco entendidos por quienes los pronuncian. El tiempo que viene requiere verdadera conciencia de un proyecto de nación que se definió distinto, pero que con los años en el gobierno va filtrando a quienes solo adoptaron un arreglo externo: palabras y frases aprendidas como quien cambia de religión y memoriza el lenguaje de su nuevo dogma.

La transformación no es un asunto de forma ni de retórica externa; es asumir con convicción la necesidad de cambio de nuestra gente. No se trata solo de hablar distinto, sino de creer, sentir y encarnar un principio fundamental: que el verdadero servicio público se ejerce gobernando al obedecer la voluntad y el sentir del pueblo.

Este momento es más que un proceso electoral. Si realmente buscan construir el segundo piso de la transformación, tendrán que definir con claridad qué se quiere cambiar, qué es el pueblo, qué es el territorio y en qué son distintos, para no caer en la demagogia. Ya no nos enfrentamos a una audiencia ignorante, sino a una ciudadanía crítica que cobrará, tarde o temprano, cada incongruencia. No basta con palabras, hay que negarse a las consignas vacías.

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