
Hace unos años pude trazar, desde El Ciudadano México, una serie de entrevistas con quienes considero referentes del periodismo en nuestra entidad. Fue un verdadero privilegio para mí poder documentar, a partir de mis preguntas, las ideas de periodistas como Jorge Rodríguez, Rodolfo Ruiz y Ricardo Morales, entre muchos otros y otras.
Hago énfasis en ellos puesto que, históricamente, han ejercido el hábito de la columna de opinión de manera tan innata como lo es la propia respiración.
Debo decir que en ese listado no se encuentra el poeta y periodista Mario Alberto Mejía, muy a mi pesar, pues me bateó, de manera amistosa, en las ocasiones en que le planteé entrevistarlo.
A aquellos columnistas citados, a quienes entrevisté a cuadro y fuera del mismo, debí haberles preguntado, en ese ejercicio que resultó también para mí un ejercicio de pedagogía periodística, sobre las diversas formas y fondos de la respuesta de la clase política ante el ejercicio periodístico expresado en la columna de opinión.
Más de uno de los periodistas históricos arriba citados afirmó que escribir una columna de opinión fue un parteaguas en su carrera periodística. Pero no pude preguntarles sobre las implicaciones sociopolíticas que conlleva el ejercicio constante de la opinión política.
En mi caso, he escrito artículos de opinión sobre la reflexión de lo que representa la Cuarta Transformación como proyecto político desde el año 2019 para el Sistema Público de Radiodifusión, presidido por Jenaro Villamil.
Pero desde hace aproximadamente un año, el ejercicio de opinión sobre Morena se ha vuelto más constante, desde una mirada periodística que busca hacer una crítica constructiva desde la izquierda.
Una crítica desde la izquierda que tiene también un antecedente en mi propio proceso vivencial de juventud: milito en Morena desde 2015, cuando tenía 17 años de edad; fui secretario de Derechos Humanos del partido en Puebla en 2019 y conozco desde dentro buena parte de sus procesos, sus virtudes y también sus carencias.
Desde ahí parte una crítica sobre aquellos procesos en los que considero que Morena puede hacer más: la formación política, la formación de cuadros administrativos o la manera de traducir sus principios frente a asuntos como la relación injerencista de Estados Unidos.
Una crítica que puede no favorecer coyunturalmente a Morena como partido, pero que busca contribuir al fortalecimiento de la Cuarta Transformación como movimiento.
No toda crítica parte del mismo lugar. Basta recordar la reciente polémica de El Universal por la supuesta entrevista a Carlos Monsiváis sobre López Obrador, que terminó incluso con una disculpa del periódico. Es la crítica que se construye desde la prensa de derecha, como suele ocurrir también desde algunos espacios de la prensa en Puebla.
Pero también se puede criticar a Morena desde la izquierda. Es desde ahí donde intento hacerlo: señalar lo que no funciona y advertir contradicciones, sin dejar de caminar en favor de Morena y de la Cuarta Transformación.
Dicho lo anterior, para quienes se han sentido incómodos con las reflexiones que he expresado sobre el partido en el que he desarrollado pensamientos, acciones y voluntades durante los últimos diez años, quiero dejar algo claro: no existe en ellas una crítica personal hacia los actores políticos locales.
Algunos me lo han reclamado de manera personal; otros, a través de segundas y terceras personas. Ha ocurrido en tonos amistosos, mediante insinuaciones económicas y hasta con mensajes sicilianos.
La crítica que hago ahora, desde mi rol como periodista, parte de la misma convicción que ha acompañado buena parte de mi vida política: un país mejor no solamente es posible, sino que es imprescindible trabajar para construirlo.
Escribo porque tengo suficientes anécdotas dentro del partido, suficientes vivencias y suficientes experiencias. Y mientras tenga suficiente tinta, seguiré escribiendo, amigos míos.
