
El primero de mayo pasado entró en funciones el nuevo equipo de estrategia de comunicación de Morena en Puebla. Después de casi sesenta días transcurridos han sido patentes al menos dos cambios notables.
Primero, la buena calidad de audio y video en las transmisiones de Facebook que hace Morena de sus ruedas de prensa. Y, en segundo momento, el “control de voz” que acontece también cuando los reporteros piden el uso de la palabra en las “nuevas” ruedas de prensa.
Es ya un partidazo institucional, con todas las comodidades que gozaba el PRI de los dos miles; con paquete de preguntas a modo, aderezadas de elogios desechables.
¿Qué falta en las ruedas de prensa de Morena Puebla?
Identidad ideológica y creatividad política.
Con la excepción del vocero Agustín Guerrero, ninguno de los habituales miembros del comité que “comparece” semanalmente en rueda de prensa tiene profundidad ideológica, experiencia y viveza política para afrontar narrativamente el proceso electoral del año próximo.
Semana a semana, el Comité Ejecutivo Estatal de Morena, encabezado por Olga Garci-Crespo, emite al unísono un posicionamiento de respaldo a la labor de la presidenta Claudia Sheinbaum y del gobernador Alejandro Armenta.
¿La presidenta Sheinbaum o el gobernador Armenta necesitan el respaldo del Comité Estatal? No.
¿Les favorece en algo la adición de posicionamientos que terminan en la congeladora de los boletines, con nulas visualizaciones? En nada.
Lo que sí le ayudaría mucho a la Cuarta Transformación en Puebla es que el Comité Ejecutivo Estatal diseñara una estrategia comunicacional de contención y respuesta a la que han emprendido sectores empresariales ligados a la derecha en Puebla, en la que, desde cuentas de apariencia orgánica, buscan reivindicar con narrativas sólidas el legado simbólico del morenovallismo, pero con una finalidad abiertamente electoral.
Y es que, ante la ausencia de liderazgo de Mario Riestra o cualquier otro cuadro del blanquiazul en Puebla, la nostalgia política y social de lo que fue el gobierno morenovallista vive en un anhelo social de distinta índole.
No solamente cabe la añoranza en los empresarios que, de distintas formas, se beneficiaron de las gestiones morenovallistas, sino también en ciudadanos comunes, de a pie, que refieren que “el morenovallismo sí hizo cosas”, y citan una secuencia de obras que son palpables visualmente, aunque representen una deuda sangrienta para el erario de Puebla.
Eso debería desarrollarlo y socializarlo el Comité Estatal en términos de comunicación política y territorial. Es importante que Morena haga el recuento de lo que representó el morenovallismo, nocivamente, para la sociedad poblana.
Resulta que quienes llevan a la memoria esos hechos son los periodistas de alta trayectoria en Puebla.
Termina siendo surreal que el gran contraste de lo que representó el morenovallismo venga de la prensa poblana y no del acto de militancia, de la dirigencia partidista.
El periodismo, en este ejemplo, sin duda funge en su rol social.
Desafortunadamente, la política partidista de Morena en Puebla no corre por las vías ni de la comunicación política, ni de los programas ideológicos, ni del fortalecimiento electoral.
¿A quién le sirve Morena en Puebla?
¿Quiénes “se sirven” de ahí?
