
Como ha sido de conocimiento público, la última visita que realizó la presidenta de Morena, Ariadna Montiel, a Puebla tenía por intención dar seguimiento a los trabajos de organización territorial del partido en nuestra entidad y presentar a Uriel Figueroa —quien fuera encargado del programa de Becas Benito Juárez en Puebla— como representante del CEN en la cuarta circunscripción electoral.
Lo primero terminó en regaño, pues el Comité Estatal ha incumplido las metas fijadas por el CEN en tiempos y cifras.
Lo segundo desembocó en una serie de reconocimientos y felicitaciones para Uriel Figueroa por convertirse en el coordinador de la cuarta circunscripción, sea cual sea lo que eso represente.
Y es que, aunque perfiles tan robustos políticamente como Adán Augusto López Hernández y Leonel Godoy han ocupado la coordinación de la cuarta circunscripción, el rol de Uriel Figueroa no será el de la selección de candidatos, sino, prioritariamente, el de vigilar que los eventuales candidatos no tengan vínculos con el narcotráfico, tal como ha exhortado, en los marcos constitucionales, la presidenta de México.
Es menester profundizar que esta falsa percepción de que “Uriel será el gran filtro” para las candidaturas en Puebla también se ha replicado con el rol de Pablo Salazar como coordinador de delegados. Nombramiento que no es reconocido por el Comité Nacional de Ariadna Montiel, hecho que quedó evidenciado dejándolo al margen de las reuniones con la dirigencia nacional.
Las candidaturas no las definirá ni Uriel Figueroa ni Pablo Salazar; o, al menos, no las candidaturas de gran trascendencia política.
La gran disputa —la de Puebla capital— se juega en otro frente y en otras ligas: en la más alta política.
Las diputaciones federales tendrán un esquema similar al de 2021, y muchos de los actuales legisladores obtendrán, casi por inercia, su reelección.
En las diputaciones locales, el orden estatal demarcará su legislatura.
En San Pedro Cholula, San Andrés, Atlixco, San Martín, etcétera, tendrán la labor de reportar el clima político, pero no de definir el proceso.
¿Dónde sí intervendrán Pablo y Uriel?
En un aproximado de cien candidaturas a alcaldías de municipios con población menor a los 40 mil habitantes.
¿Es poca responsabilidad para el trabajo político? No. Ciertamente, es una gran responsabilidad. Pero no es la responsabilidad que se les atribuye ni corresponde con la influencia que se les supone dentro del proceso.
Las grandes candidaturas de Morena se definirán en una pequeña mesa, con escasos participantes. Ocurre en Morena como ocurre en cualquier partido poderoso del mundo.
Ahora… Pablo Salazar y Uriel Figueroa han sido reconocidos como obradoristas de base, rol que propiamente tienen y les es indiscutido. Pero, con esa presunción, también deberán actuar en la obligación de impulsar —en las cien candidaturas en las que tendrán influencia— perfiles obradoristas, de probada honestidad y capacidad.
Si no resultara así, el “rol obradorista” de Pablo y Uriel habrá quedado reducido a la legitimación de cuadros expriistas, con la venia de los fundadores morenistas.

