Las huellas en las bardas (la mente detrás de la no reelección)
Columna de Jorge H. Aguilera

La elección del año 2018 para la gubernatura de Puebla, sin lugar a dudas, ha sido una de las más violentas y complejas en la historia de nuestro estado.
En aquellos años, Miguel Barbosa afirmaba que aquella campaña formaba parte de un proyecto nacional que enrutaría a Rafael Moreno Valle hacia la Presidencia de México a partir de perpetuar en Puebla su liderazgo en la figura de su esposa, Martha Érika Alonso.
Esa guerra electoral inusitada tuvo entre sus antecedentes las graves denuncias que, desde el Senado de la República, hicieron Miguel Barbosa y Fernando Manzanilla sobre el uso de un aparato de espionaje denominado Galileo.
Galileo fue un malware desarrollado por la empresa italiana Hacking Team, capaz de infiltrarse en equipos tecnológicos y que, de acuerdo con las denuncias presentadas entonces, habría sido utilizado durante el gobierno de Rafael Moreno Valle para espiar a decenas de actores políticos.
Entre los nombres señalados aparecían los propios denunciantes, Miguel Barbosa y Fernando Manzanilla.
Pero los tentáculos del espionaje de Galileo habrían llegado hasta Los Pinos: entre las víctimas del espionaje se mencionó al entonces presidente Enrique Peña Nieto y su secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.
Una de las expresiones más simbólicas que, en plena campaña, apareció en contra de Miguel Barbosa fue la pinta de bardas con la leyenda “AMLO sí, Barbosa no”, impulsando claramente el apoyo electoral para el candidato a la Presidencia de México y, al mismo tiempo, llamando a votar en contra del candidato al gobierno de Puebla.
Hay que decirlo: dicha campaña, que aparentaba ser desarrollada de manera ciudadana, fue desmontada en su intención política, al comprobarse que Violeta Lagunes estaba operando políticamente dicha estrategia, incitando el voto a favor de López Obrador, pero en contra de Miguel Barbosa.
Violeta Lagunes, la misma que meses después sería videograbada en una conversación junto con el hoy coordinador de delegados de Morena en Puebla, Pablo Salazar, en la que se habló de inyectarle miel al gobernador Miguel Barbosa para, presuntamente, terminar con su vida.
Es menester agregar que la campaña “AMLO sí, Barbosa no” tuvo nulo efecto en la desvinculación de Miguel Barbosa de la 4T.
Por el contrario, el candidato López Obrador y su equipo cercano tuvieron gran molestia por el fuego amigo que produjo Violeta Lagunes, afianzando aún más la relación entre AMLO y Barbosa.
Muestra de ello fue el refrendo de su candidatura en 2019 para las elecciones extraordinarias.
Años después, recientemente han aparecido en bardas de la ciudad de Puebla pintas que inevitablemente nos llevan al paralelismo con aquel proceso de 2018.
Ahora, las pintas incitan a la no reelección, en clara oposición al proyecto de ciudad que encabeza José Chedraui.
Fotografías de estas bardas fueron expuestas en redes sociales por algunos tuiteros que, ilusa o dolosamente, atribuían estas expresiones a una organización y molestia ciudadana.
Argumento carente de razón, pues en las movilizaciones sociales o protestas ciudadanas orgánicas difícilmente se encuentra, como fin último, la pinta de bardas en contra de un actor político que, indirectamente, termina favoreciendo a otro.
Sin embargo, la luz al final del túnel la trajo con su columna el periodista y director de Central, Mundo Velázquez, periodista de proyección nacional e, indudablemente, la pluma más autorizada en temas policíacos en nuestra entidad.
El encargado de la guerra sucia en forma de pinta de bardas sería un viejo militante perredista que inició su carrera cuidando y manteniendo en orden el espacio físico de la sede del PRD en Puebla.
Este personaje hacía su labor de vigilancia por las noches, cuando ni siquiera las respiraciones se escuchan.
Posteriormente fue creciendo. Es un vivo ejemplo de la movilidad social a partir de hacer política: de portero, un día se volvió dirigente; otro día, legislador; y, mucho tiempo después, una de las voces de mayor escucha en las decisiones del exgobernador Miguel Barbosa.
Fue el propio Miguel Barbosa, sin embargo, quien lo segregó de la vida política en Puebla, luego de señalamientos de que su fontanero de confianza lucraba y charoleaba pidiendo dinero a nombre del gobernador.
En medio de una clara molestia y como última estocada al hombre de las tuberías, un susto tamaño infarto en Zacatlán de las Manzanas, con aroma a orden de aprensión, en su propio antro, sería la muestra definitiva del quiebre.
¿Qué pensarán la presidenta del partido, Ariadna Montiel, y la presidenta de la Comisión de Elecciones, Citlalli Hernández, cuando se enteren de que la campaña en contra del puntero en Puebla capital, quien refrendaría un gran triunfo para Morena, es atacado mediante estrategias de terror promovidas, según lo señalado en la columna de Mundo Velázquez, por el experredista y ahora operador oscuro desde el fuego amigo, Éric Cotoñeto Carmona?
