
Los antes programas sociales, ahora derechos constitucionales —pues han llegado al plano constitucional—, han sido una de las acciones que Morena, como gobierno, ha trazado como prioritarias y que la ciudadanía, o el pueblo, ha agradecido mayormente.
Los derechos sociales han servido como un imán de votos para Morena, en respaldo al proyecto nacional que inició el licenciado Andrés Manuel López Obrador y que hoy continúa, de gran manera, la presidenta Claudia Sheinbaum.
Sin embargo, estos mismos programas sociales que han reconocido y respaldado el proyecto nacional de la Cuarta Transformación también, por añadidura, han servido para refrendar gobiernos locales y municipales que, honestamente, Morena no merece o no merecería gobernar en decenas de municipios de Puebla.
Un botón de muestra de muchos es lo que acontece en la ciudad de Tehuacán, donde, en 2018, Felipe Patjane fue ungido como el primer presidente municipal de Morena.
Felipe Patjane, multicitado en investigaciones de la Auditoría Superior del Estado, terminó preso en una escena surrealista: fue detenido y consignado ante las autoridades momentos después de haberle pedido matrimonio a su novia a bordo de un lujoso helicóptero.
Después, en 2021, llegó Pedro Tepole. Si pensábamos que nada sería peor que Patjane, Tepole puso la vara alta: fomentando represiones, haciendo jugosos negocios con “la basura” de Tehuacán y convirtiendo la corrupción y la ilegalidad en un acto permanente que no solo ocurría en las sombras y a los ritmos de la noche.
Tehuacán se volvió foco de violencia a todas horas.
Luego, en 2024, llegó el actual alcalde, Alejandro Barroso, quien sueña y se regodea en la posibilidad de la reelección para el proceso electoral venidero.
Alejandro Barroso ha sido señalado no solo por la ineficiencia en el ejercicio del gobierno municipal y en la proveeduría de los servicios públicos que, como Ayuntamiento, jurídicamente le corresponden.
Aunado a ello, ha sido exhortado por el propio Congreso del Estado para mejorar y regular los precios del servicio público de agua, que, como en ningún otro gobierno, ha crecido en costos y también en discrecionalidad para ofrecer el servicio.
A partir de estos tres antecedentes de gobiernos municipales fallidos, podríamos asegurar, con un mínimo aliciente de sentido común, que es imposible para Morena ganar la próxima presidencia municipal en Tehuacán.
Desafortunadamente, insisto, los derechos sociales y constitucionales de redistribución económica harán que la gente vincule, como lo ha hecho durante tres procesos municipales, el gran trabajo nacional con una representación municipal y local que no ha construido sus propias acciones de gobierno apegadas a la Cuarta Transformación.
Y es que la Cuarta Transformación ha sido un proyecto de carácter nacional que difícilmente se ha instalado en los estados y que, prácticamente, no ha llegado al orden municipal.
En ese orden de ideas, es inminente la candidatura a la presidencia municipal de Tehuacán de la aún presidenta de Morena en Puebla, Olga Romero Garci-Crespo, quien ha hecho una pésima conducción del partido desde su asunción en la época barbosista y se ha preocupado más por el tránsito político entre los gobernadores —Miguel Barbosa, Sergio Salomón y ahora Alejandro Armenta—, por quedar bien con ellos y por respaldar acciones que poco abonan al partido en lo mediático y mucho ayudaría respaldar en lo político.
El pueblo de Tehuacán, en este lapsus masoquista, producto o efecto de los programas sociales, ahora derechos constitucionales, la ungirá como la cuarta alcaldesa de Tehuacán al hilo.
¿Será ella peor que los otros tres?
La vara es muy alta, pero, sin duda, Olga Romero Garci-Crespo siempre nos puede sorprender.

