
El pasado sábado 8 de agosto, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, visitó la ciudad de Puebla para comentar sobre los avances de su programa insignia: Vivienda para el Bienestar.
Un programa que fue diseñado por la propia presidenta y aplicado por su gobierno. Este programa es icónico dentro del proyecto humanista de Claudia Sheinbaum por su trascendencia social.
Un sueño colectivo que se proyectó inicialmente para dar 500 mil viviendas dignas. La meta aumentó a un millón y ahora, a un millón ochocientas mil viviendas en el sexenio actual.
En esos marcos de la dignificación del ser humano, a partir de la materialización del derecho a la vivienda, fue reconocido en su labor el alcalde de Puebla, Pepe Chedraui.
Y en ese reconocimiento fue materializada “la señal”, que algunos columnistas locales, en sus imaginarios, creían que llegaría de otro lado y en otra dirección.
En el viejo PRI, las señales eran estruendosas y vulgares.
En la 4T son discretas, pero profundas.
La señal llegó directa y vestida en forma de “protocolo presidencial”.
Del 4 de julio al 10 de agosto del año en curso, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha visitado diez municipios en el desarrollo de sus giras de trabajo.
Dentro de esos diez municipios se encuentran ciudades importantes, como lo son: Acapulco; Morelia; Zacatecas; Playa del Carmen; Cuautla; Naucalpan y Puebla capital.
De los diez municipios visitados por la presidenta, en los últimos 40 días, solamente dos alcaldes han sido integrados al presídium de las giras.
A José Chedraui Budib, el pasado sábado 8 de agosto. Y a Isaac Montoya, un día antes, el 7 de agosto, en Naucalpan.
Isaac, hay que decirlo, es uno de los alcaldes consentidos de la presidenta Sheinbaum y de la gobernadora Delfina, pues es un cuadro forjado y proyectado desde las bases de Morena. Fue secretario Nacional de Jóvenes de Morena, en el Comité que presidió López Obrador.
La presidenta de México es la mujer más informada del país. Sabe perfectamente las repercusiones que tiene el hacer un posicionamiento público en favor de alguien.
Y también es contundente con quienes no quiere tener cerca.
Sirva como buen ejemplo cuando la presidenta de México rechazó hace más de un año un regalo que le entregaban en nombre de Ángel Aguirre, en una gira en Guerrero.
La presidenta les respondió a las jóvenes que llevaban el obsequio, en representación del exgobernador, que no; que muchas gracias. Que ella no aceptaba regalos de Ángel.
Eso un año antes de la detención de Aguirre.
La presidenta sabe a quién quiere lejos y a quien quiere cerca.
No va a subir al templete a alguien que no quiera tener cerca.
No va a agradecer públicamente la colaboración institucional de un hombre que no quiere tener cerca.
A Pepe, lo quiere tener cerca.
La señal no es la foto; no es sólo el agradecimiento público.
Es estar presente en el momento y lugar donde ocurrió el agradecimiento.
El mensaje es estar invitado a ser parte de la foto.
