OPINIÓN

Cuando el discurso desgasta: del “primero los pobres” al “primero los Mustangs”

Columna por Jorge H. Aguilera

La política es reflexión, sí, pero, sobre todo, es acción.

El expresidente Andrés Manuel López Obrador afirmaba que la doctrina de la derecha era la hipocresía, en relación con la falta de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Ponía como ejemplo a aquellos católicos recalcitrantes que van a misa puntualmente, domingo a domingo, pero que, al salir del templo, «acuchillan» a su prójimo, ya sea verbalmente, con sus pensamientos o mediante sus acciones.

Morena asumió el poder bajo los principios casi cristianos de no mentir, no robar y no traicionar.

De 2018 a la fecha han transcurrido ya ocho años en los que Morena ha mantenido el poder federal y ha acumulado, de manera prácticamente ilimitada, cotos de poder en las entidades federativas.

En ese proceso, Morena también se ha encontrado con un desgaste entre el discurso y la acción.

Más allá de la valoración nacional, que pondera de inmejorable forma a la presidenta de México, en los espacios locales, municipales y en la hiperlocalidad política, sería difícil generalizar, cual mantra, la afirmación de que los políticos de Morena no mienten, no roban y no traicionan.

En muchos casos ha quedado en evidencia que no solo mienten, roban y traicionan, sino que lo hacen en grandes cantidades, bañados en una profunda hipocresía y falsa moral.

La política ha resultado, para buena parte de la clase dirigente de Morena, una herramienta de ascenso social.

No solamente 13 millones de mexicanas y mexicanos salieron de la pobreza, sino que muchas y muchos morenistas entraron a la riqueza, con la falsa retórica del «no robar», pero robando.

Ese ha sido el gran dique de la izquierda latinoamericana: la corrupción. Y combatirla fue, precisamente, uno de los principales estandartes con los que Morena llegó al poder.

Se suponía que los representantes del partido hegemónico combatirían la corrupción, no que la fomentarían.

Días atrás, el coordinador de delegados de Morena en Puebla —«cargo no reconocido por el Comité Ejecutivo Nacional»—, Pablo Salazar, afirmó que en Morena Puebla estaban en contra del neoliberalismo y que debía reconsiderarse el proyecto del ingeniero Carlos Slim para el desarrollo económico y comercial del Centro Histórico de la ciudad de Puebla.

El propio coordinador ha sido señalado por vivir en la opulencia, muy lejos de la justa medianía y de la inexistente pobreza franciscana en el Comité Ejecutivo Estatal de Morena.

¿Cómo explicar que un comité que recibe 100 millones de pesos al año en prerrogativas en Puebla mantenga, a las afueras de sus oficinas en la colonia La Paz, camionetas Suburban y vehículos Mercedes-Benz, con chofer incluido, esperando para transportar a sus dirigentes desde la sede del partido hasta los lujosos restaurantes donde disertan sobre los problemas del «primero los pobres»?

También valdría la pena que alguno de los reporteros que asisten fielmente a las conferencias de Morena en Puebla le pregunte a Pablo Salazar de qué vive, pues él ha afirmado que el cargo que asumió como coordinador de delegados de Morena en Puebla, dentro del Comité Ejecutivo Estatal, es honorífico.

A dicha responsabilidad se incorporó después de renunciar a la Subsecretaría de Prevención del Delito y Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, donde recibía una remuneración superior a los 60 mil pesos mensuales.

¿Dejó el dinero para hacer patria?

Un partido que recibe en Puebla 100 millones de pesos anuales, ¿no puede pagarle al coordinador de delegados?

Y, finalmente, sería importante preguntarle si las personas que le asisten —asesores, secretarias y quienes lo acompañan—, que ocupaban cargos medios y altos en la Secretaría de Gobernación y renunciaron para seguir la peregrinación de Pablo en el partido, tampoco cobran.

¿También ellos renunciaron a sus jugosos sueldos para seguir gratuitamente a Pablo Salazar?

¿Cuántas personas integran el equipo político de Pablo Salazar y son financiadas desde el partido?

Son algunas preguntas que valdría la pena hacerle al coordinador de delegados de Morena en Puebla, no reconocido por la dirigencia nacional del partido, quien se ha expresado en contra del neoliberalismo, pero que, según lo marca el kilometraje de sus lujosos y veloces autos, es un completo neoliberal.

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