La Suprema Corte legisla un arcoíris en Puebla / El derecho a ser “mocho”
Columna de Jorge Aguilera

En 1989 cayó, junto con el Muro de Berlín, el sentido ideológico de ser de izquierda.
O, al menos, el “sentido ideológico” en los marcos del socialismo/comunismo y del marxismo/leninismo.
Se desvaneció también la revolución práctica de la lucha de clases.
Eventualmente, la izquierda tuvo que adaptarse y encontrar elementos narrativos de causa en los marcos del neoliberalismo.
La izquierda neoliberal encontró cauce en los movimientos identitarios y de género, tales como el feminismo y la agenda LGBTQ+, siendo las principales banderas ideológicas de la izquierda del siglo XXI en el mundo.
Tejiendo en ese hilo, la izquierda ideológica y programática ha perdido los enfoques colectivos relativos a la abolición de la explotación del hombre por el hombre y la socialización de los medios de producción, y ha priorizado la lucha por el derecho a la libre personalidad.
El Movimiento de Regeneración Nacional ha sido, originalmente, el de las causas sociales y populares. De primero los pobres. De atención a las causas estructurales económicas. No así de manera tajante con los temas relativos a las libertades individuales.
Ante la despenalización del aborto, López Obrador sugería una consulta popular, y así fue pateando el bote, hasta la prórroga infinita.
Lo mismo ocurrió con la legalización de la marihuana.
Lo mismo con la adopción de infantes por parejas homoparentales.
El análisis de estos hechos no deslegitima al obradorismo como un movimiento de izquierda. Contrario a ello, lo reivindica en la consecuencia de priorizar las causas colectivas sobre las individuales.
Entendiendo también, en la práctica, la idiosincrasia mexicana y que temas como los señalados pueden resultar impopulares en términos electorales.
López Obrador no engañó a nadie. Nunca se presentó a sí mismo, ni a su proyecto de gobierno, como una izquierda socialista o comunista.
Eso fue un mito construido por el panismo ideológico.
AMLO presentó un proyecto de atención a las causas estructurales y fue ese proyecto el que fue votado en el año 2018 con más de 30 millones de votos.
El pueblo de México no traduce la Cuarta Transformación en los parámetros de la izquierda woke, sino en el bienestar material.
El 3 de marzo de 2022, el Pleno de la SCJN (presidida por Norma Piña) declaró la inconstitucionalidad del artículo 875, fracción II, del Código Civil del Estado de Puebla, el cual exigía tener 18 años cumplidos para solicitar la rectificación del acta de nacimiento según la identidad de género autopercibida.
Desde ese día, tres distintas legislaturas han caminado en Puebla sin dar cumplimiento a la resolución.
Es un tema en el que el consenso político de Morena y de la oposición ha sido el de patear el bote, hasta la prórroga infinita, al más fiel estilo de López Obrador.
La sociedad poblana, conservadora por definición histórica, no enmarca en su imaginario colectivo el tema de las infancias trans como una prioridad social.
Contrario a ello, amplios sectores coexisten en las lógicas de las familias tradicionales.
La extinta Corte de Norma Piña impondrá en Puebla una ley que los poblanos no quieren y que, en consecuencia, ni la bancada de Morena y sus aliados ni la escasa oposición política acompañarán en la votación.
Será, eventualmente, legislada por decreto de la Corte, con votación en contra del Congreso del Estado de Puebla, la ley de las infancias trans.
Y ello, probablemente, traerá consigo un costo electoral negativo para Morena.

