
Recientemente, el Comité Ejecutivo Estatal de Morena en Puebla, que encabeza Olga Lucía Romero Garci-Crespo, nombró a Pablo Salazar Coordinador General de Delegados del Comité Estatal y a Claudia Hernández como coordinadora de Comunicación Política.
En primer momento es importante precisar que el estatuto y documentos básicos que Morena tiene registrados ante el Instituto Electoral no contemplan en ninguno de sus numerales tales funciones. Es decir, tanto la coordinación de delegados, como la existencia misma de esos delegados, no tienen fundamento estatutario; más bien han sido resultado de una convergencia y articulación territorial entre operadores formales e indirectos de Morena en Puebla.
Pablo Salazar suplirá la función que, en apariencia, venía realizando el diputado local Miguel Trujillo. Su desempeño al interior de Morena fue muy similar al que ha tenido en el Congreso: simbólico e intrascendente. De 72 propuestas de reforma, solo le han sido aprobadas 5, entrando ya al último año legislativo.
La duda queda en cuál será el rol de Pablo en términos políticos, así como el de los delegados que coordina. Siendo a nivel nacional los COT’s (Coordinadores Operativos Territoriales) los encargados de la estructura territorial de Morena, coordinados en Puebla por César Addi.
Si fuera el caso, estaríamos hablando del mismo rol en el que fracasó Miguel Trujillo: la consolidación de una estructura paralela a la de la dirigencia nacional. Nada más. Pero no un rol de dirección política.
Es ahí donde Morena en Puebla no ha tenido profundización.
Las estructuras electorales que coexisten en el abrazo imperdurable con el poder en turno no son dificultad para el gran partido que es Morena en términos de afiliados. Tan solo en Puebla son 700 mil afiliados —aunque la meta fue de un millón—, pero ¿cuántos de esos 700 mil afiliados son militantes? ¿Cuántos participan en las discusiones democráticas que debería tener el partido, al interior, para su fortalecimiento?
Lo que necesita Morena en Puebla es conducción política, ideológica y narrativa, de proyección al interior del movimiento y de trascendencia social en la reivindicación de la soberanía nacional.
No se necesitan copias de INE al millar, sino revolucionar conciencias.
El refuerzo que Morena lleva esperando desde hace seis años es el cumplimiento de un programa eficiente y masivo de formación política. En el Artículo 74° de los estatutos de Morena se establece que: “Para la ejecución de sus funciones contará con el cincuenta por ciento de las prerrogativas locales y federales del Partido, que serán administradas por la Comisión creada para tal efecto”.
Morena en Puebla habrá recibido en total, al finalizar el año, más de 120 millones de pesos. De ellos, según el estatuto, 60 millones tuvieron que ser para formación política. A nivel nacional, Morena tendrá una bolsa este año de más de 7 mil millones de pesos. ¿A dónde van los gastos en formación política?
Eso amerita una entrega completa.
Hablando de millones…
¿Por qué, si Morena en Puebla tiene más de 120 millones de pesos este año, Pablo Salazar y Claudia Hernández no tendrán sueldo alguno?
Un grave error de formas provocó Olga Lucía Romero Garci-Crespo al afirmar que Pablo Salazar y Claudia Hernández no cobrarían por su labor al interior del partido.
Y es que resulta inverosímil que ambos exfuncionarios públicos renunciaran a un promedio de remuneración mensual de entre 60 y 70 mil pesos, a cambio de contribuir gratuitamente a la revolución de las conciencias. De no creerse…
Habrá que preguntarse también si sus equipos, asistentes y asesores llegarán también sin cobrar.
